Hace apenas un año, GE y TUV-Nord anunciaban la primera certificación de un turbina eólica para 40 años de vida útil pero meses más tarde, no parece que el mercado haya seguido a GE ¿Qué ha podido pasar? Analicemos a continuación las posibles razones viendo los pros y contras para los diferentes actores del mercado.

Lo cierto es que fue un anuncio sorprendente ya que doblaba la actual vida útil de las máquinas onshore y parecía que abría una nueva vía para reducir el LCoE de los proyectos. Históricamente, la vida útil de las centrales de generación había sido una de las grandes diferencias entre las “renovables modernas” (eólica y solar) y las convencionales. De hecho, antes de la popularización del LCoE como criterio de comparación, se veía como una desventaja que la eólica tuviera 20 años de vida útil frente a los 40 de las plantas de carbón, 50 de las nucleares o 60 de la hidráulica.

Con el LCoE, se factoriza la vida útil con lo que se evitan muchas discusiones, pero incluso en los últimos años, se está viendo como la solar está incrementando la vida útil de los parques, situándolos en 30 años, dejando a las plantas eólicas como las instalaciones menos duraderas con 20 años para las onshore y 25 para las offshore.

Así a bote pronto parece que el alargar la vida útil teórica de las plantas es una buena idea. Pero como en este blog nos gusta profundizar en los temas, vayamos con el análisis

1. Developers

  • El alargar la vida útil sin incrementar los costes mejora de forma evidente el LCoE de un proyecto. Haciendo un análisis rápido con la herramienta de simulación WBT, se comprueba que un proyecto onshore estándar mejora un 13% su LCoE al pasar de 20 a 30 años de vida. El análisis concluye que mientras mantengamos los extracostes de CAPEX y OPEX (años 21-30) por debajo del 20%, el LCoE mejorará.
  • Los extra-costes que podemos esperar al incrementar la vida útil del diseño serán:
    • Mayor coste de fabricación ya que los componentes deben ser más resistentes
    • Mayor coste de desarrollo ya que el diseño y la validación será más complejo
    • Mayor coste de certificación
    • Mayor coste de O&M en los años extendidos
  • La realidad es que actualmente los desarrolladores ya tienen un esquema alternativo a la certificación de mayor vida útil: la extensión de vida. Consiste en analizar la turbina antes de cumplir 20 años y cambiar los componentes necesarios para que siga funcionando unos años más. Es un esquema muy flexible pero que introduce riesgo en el proyecto

2. OEMs

  • Técnicamente parece viable diseñar, probar, certificar y mantener turbinas con 30 o 40 años de vida útil. Lo que no tengo tan claro es si sería posible mantener estos extracostes por debajo del límite para mejorar el LCoE. No soy técnico, pero parece claro que el elemento más sensible serían las palas, que deberían estar reforzadas, introduciendo más peso y por lo tanto más cargas.
  • Pero más allá de los detalles técnicos, la clave es que, si las turbinas duran 40 años, la rotación de ventas se reduce a la mitad. Los OEMs deberían entonces ser capaces de compensar esta reducción de ingresos con contratos de O&M más largos y caros. Básicamente sería trasladar parte del negocio de la venta al servicio y viendo la rentabilidad de ambas actividades, quizás no fuera mala idea.
  • Si se reduce la venta de turbinas, también se reducirá la frecuencia de nuevos lanzamientos y por tanto la innovación. Como dice Enercon en este artículo, se corre el peligro de convertir el eólico en un sector mucho más estático y conservador. Por el contrario, aumentará la innovación en la parte de O&M ya que mantener máquinas hasta los 40 años será un reto enorme.

3. Certificadores

  • Al igual que los fabricantes, en un escenario con menores lanzamientos de nuevos modelos, los certificadores tendrían menor actividad. Esto haría que el coste de la certificación aumentara y quizás el número de proveedores se vería reducido.
  • Además, los certificadores actualmente tienen el ingresos adicional de la certificación de la extensión de vida que también desaparecería en el nuevo escenario

No parece que ninguno de los principales actores del sector tenga especial interés por empujar el incremento de vida útil. Los desarrolladores están bastante cómodos con el esquema actual de extensión de vida y en un sector tan dinámico como el eólico, es preferible 2 proyectos de 20 años con tecnología y costes mejorados que uno de 40 años con tecnología obsoleta.

Los fabricantes y certificadores perderían oportunidades de venta lo que les obligaría a modificar sus casos de negocio y esto no suele hacerse de forma voluntaria con lo que no parece que vayan a empujar esta tendencia.

En conclusión, parece que no veremos a medio plazo turbinas diseñadas para durar 40 años pero una vez el eólico sea un sector más maduro con tecnología estable y producto (aún) más comoditizado, seguro que ésta es una de las vías para incrementar la rentabilidad de los proyectos a la vez que se traslada el negocio al mantenimiento a largo plazo, cuya rentabilidad es mucho mayor que la pura venta de turbinas